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Pedir peras al olmo

Quizás si algún día viéramos a un olmo dando peras como fruto propio ya no nos sorprendería: estamos agudizando tanto el ingenio para inventar cosas nuevas, de colores nuevos, de texturas nuevas, de tamaños nuevos, etc., que creo que harían falta nuevos conceptos de la palabra nuevo, que definieran “nuevo” como algo diferente a nuevo, porque nuevo ya no basta.

Hace tiempo que parece que la venta del producto básico se la han adjudicado las grandes superficies y los grandes almacenes, por lo cual el pequeño comercio multimarca ha tenido que “buscarse la vida” para ofrecer artículos más originales, con un valor añadido que le ayude a diferenciarse en sus propuestas y llamar así la atención de un público que efectivamente busca algo “nuevo”.

Creo que harían falta nuevos conceptos de la palabra nuevo, que definieran "nuevo" como algo diferente a nuevo, porque nuevo ya no basta.

Una de las ideas que más éxito ha tenido en el mundo de las prendas de vestir ha sido la de “poner de moda” los tejidos más pobres y las confecciones más desafortunadas ya que son los cimientos en los que se apoya la base de los precios. Porque la premisa es: “nuevo y diferente sí, pero más caro, no”. De ahí que se ha podido mantener y quizás aumentar el número de prendas vendidas de una categoría media a base de “gato por liebre” con el consentimiento del cliente.


El problema es que esta idea no es fácil de aplicar en la fabricación de prendas textiles para el hogar. No hemos conseguido poner de moda las “bolitas” en las sábanas (pilling); nos siguen molestando cuando las encontramos. Como también incomoda cierto porcentaje de mezcla de poliéster ya que el calor que proporciona la prenda nos hace sudar de forma totalmente artificial… o en el caso de las toallas, nos disgusta que no sequen bien, o que rasquen o que se pierda la mitad de su complexión en el primer lavado, etc.

En este mundo del textil/hogar la pseudosolución ha sido frecuentemente restar medida a la prenda, bajar su densidad y consistencia, ahorrar en procesos de acabado, usar materias primas de inferior calidad, tintes más baratos y tantas “trampas” más que se pueden utilizar para lograr este “gato por liebre” que comentábamos más arriba.

Pero esto no basta si no presentamos algo “nuevo”, y... ¿qué ocurre cuando presentamos algo nuevo? Que el cliente que nos exigía “cosas nuevas” suele ser reticente a la hora de aceptarlas si éstas presentan unos matices verdaderamente transgresores, respecto del resto de las propuestas que encuentra en el mercado. Parece un contrasentido, pero suele pasar. Las cosas muy diferentes a menudo tampoco se aceptan con facilidad ya que es una apuesta por algo de lo que no tenemos experiencia previa.

Si lo comparamos con el mundo del arte veremos que los creadores que han hecho propuestas innovadoras han tenido que pasar por galerías poco importantes, para ir ascendiendo a las de más prestigio y relevancia, por no hablar de los artistas que no vieron reconocida su obra en vida y con los años han sido considerados grandes maestros.

No puedo evitar hablar aquí de un amigo mío que, hace veinte años, presentó al mercado una colección de toallas acabadas de una forma “nueva”, que no tuvo ningún éxito y ahora encuentras en la mayoría de las tiendas como una forma “nueva” y original de acabar estas prendas.

De todas formas, el comerciante no deja de creer que venderá más con artículos más nuevos, aunque no sepamos el límite hasta donde podemos infringir las “normas” del convencionalismo establecido por la sociedad.