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Cuando la mona se viste de seda... más "mona" se queda

publicado a la‎(s)‎ 14/10/2009 23:11 por Risart .   [ actualizado el 02/10/2011 10:24 ]
De unos años a esta parte la afición a regalar ha ido “in crescendo” de manera espectacular. Cualquier situación es buena para ofrecer un obsequio: santos, cumpleaños, bodas, nacimientos, comuniones, aniversarios, días para todos (desde la madre, el padre, enamorados, etc.
), también, cómo no, de cada viaje hay que llevar cosas para todos… y seguro que me olvido de otras tantas ocasiones.

 

Esta circunstancia conlleva que el producto para regalar sea presentado de manera diferente. Cambia el packaging, cambia la manera de envolverlo en la tienda, cambia la composición de la unidad de venta (donde se vendía delantal a delantal, ahora es un estuche compuesto por delantal, manopla y agarrador), cambia el transporte ya que el volumen es diferente y la fragilidad también. Y por qué no, cambia incluso, a veces, la calidad del mismo producto, cuando no es sustituido por otro.

 

Puestos a cambiar pues, vemos que cambia sobre todo el concepto del artículo en sí, ya desde el fabricante, pasando por el distribuidor y/o comerciante que lo vende y hasta el comprador, que en este caso no es el consumidor y es precisamente por esta conjetura que se ve obligado a tener en cuenta otras prioridades que seguramente no serían las mismas que si lo comprara para él.

 

Cuando se piensa en fabricar algo que vaya destinado al mundo del regalo, no cabe tener en cuenta solo la calidad y la practicidad del objeto como tal, sino que merece la pena contemplar sigilosamente el envase, la parte gráfica de este, la disposición dentro del mismo, el etiquetado, EL PRECIO, por encima de todo buscando siempre el mejor equilibrio entre este y la calidad. La practicidad muchas veces se subyuga al impacto visual que pueda darle el mayor atractivo posible.

 

Con toda esta evolución –oía el otro día por la radio– hemos creado la cultura del “pongo”. Sí, el “pongo” es aquel artículo regalado al que no le encontramos ni utilidad, ni nos gusta y que acabamos diciendo: “y esto ¿dónde lo pongo?” Seguramente que no es, a menudo, el caso de los artículos textiles para el hogar, primero porque no suelen ser los más seleccionados para este tipo de situaciones y segundo, por ser de los más escogidos para ser utilizados.

 

La consecuencia de esta utilización, pues, que en principio podría parecer como algo positivo, acaba por acostumbrar a la gente a menospreciar la calidad de estas prendas. Tengo una amiga que siempre había gastado rizo de buena calidad y el otro día, que fui a su casa, la encontré en la cocina con un conjunto de rizo de delantal, manopla y agarrador de material regenerado, de pésima absorción –claro– y de textura apelmazada, pero contenta y agradecida a una sobrina suya que se lo había regalado después de pasarse por el centro comercial más reciente de la ciudad. ¡Ah! Y el efecto que hacía dentro del estuche era insuperable…

                                                                    
 

  • Toni Prat es el gerente de Risart, S.L.

                                                                       
toni-prat@terra.es

                                                                         

Concepto: Toni Prat.

Realización: Pepe Serrano.