Blog


Medidas sobre las medidas

publicado a la‎(s)‎ 02/10/2011 10:34 por Risart .


En una sociedad horizontal como en la que nos estamos adentrando a pasos galopantes, donde un joven de Barcelona se parece mucho más a uno de Pekín, Nueva York, Tokio, Nueva Delhi o París que no a sus mismos padres por el hecho de la información, no es concebible que no nos podamos intercambiar la ropa de cama entre diferentes países.

 

Actualmente podemos comprar una misma prenda de vestir de una cierta marca en casi cualquier parte del mundo, podemos escuchar la misma música, podemos leer la misma prensa, nos podemos perfumar igual, quién no encuentra una pizza, una hamburguesa con queso y cebolla, o unas patatas fritas del mismo fabricante por doquier o las bebidas utilizadas tanto para acompañar todo esto como en el aspecto de refresco...

 

El cine, la televisión, Internet, los viajes aéreos, etc., nos dan una inmediatez de información que pocos años antes era totalmente insospechada. De ahí que si anteriormente la cultura se transmitía verticalmente de ... abuelos a padres, de padres a hijos, de hijos a nietos y así sucesivamente, surgiera implícitamente el sentido del gusto por la diversidad, al hacer las cosas exclusivas y genuinas en cada casa o/y en cada territorio. No cabe decir que esto mantenía un cierto encanto, que el sentido práctico ha ido anulando a cambio de comodidad.

 

Poco a poco vamos reduciendo los tipos de moneda para dar más agilidad a las transacciones comerciales, vamos reagrupando y redistribuyendo cultivos para rentabilizar mejor su producción, deslocalizamos industrias muchas veces por lo mismo, nos intercambiamos energías a fin de reducir costes, etc. En cambio, en lo concerniente al mundo de la lencería de hogar parece que no hay manera...

 

Tenemos, por ejemplo, un sinfín de medidas de cama. Empezando por los colchones, que son los que luego rigen, más o menos, las medidas de las prendas que los visten, hasta llegar a un simple “plaid” o mantita sobre la cual campa una anarquía total en la cuestión de tamaños, dependiendo de cada país.

 

Hay colchones de 80 cm de ancho, de 90, de 105, de 120, de 135, de 150, de 160, de 170, de 180, de 200, etc. Todas estas medidas –dependiendo mucho de cada país también– se multiplican por el número de larguras, que además de las más utilizadas, que son las de 190 y 200 cm, están las especiales y por si fuera poco, todas estas variantes vuelven a multiplicarse luego por los diferentes grosores de los colchones.

 

Para colmo, la guinda del pastel es que cada comunidad tiene adaptadas, además de las medidas de las sábanas (pudiendo ser estas ajustables o no) también las medidas de las almohadas y, consecuentemente, las medidas y las formas heterogeométricas de la fundas de almohada...

 

Se siguen inventando más tipos de almohada, como las cervicales, ergonómicas, viscoelásticas, de látex, etc.; cada una requiere una medida diferente de funda y ello contribuye a aumentar la variedad y la peculiaridad, ya que cada país –otra vez– opta por una altura en concreto.

 

“Éramos pocos y parió la abuela”... En la cuestión de la homogeneización de las prendas de lencería de cama andamos como los cangrejos.

*Toni Prat es el gerente de Risart, S.L.

pratoriols.antoni@gmail.com



In a “horizontal” society of the kind we are now advancing towards at breakneck speed, in which youngsters from Barcelona look more like others from Peking, New York, Tokyo, New Delhi or Paris than their own parents as a result of the information they receive, it is hard to grasp that we are unable to exchange bedding between different countries.

 

Today, we are able to buy the same item of clothing from a given label in practically any part of the world; we can listen to the same music, read the same newspapers or wear the same perfume, let alone find a pizza, a cheeseburger or fries from the same company, or the fizzy drinks that accompany them, or are served as refreshments in their own right...

 

The cinema, television, internet, air travel and the like provide us with an immediacy of information that was totally unimaginable not so long ago. As culture was once transmitted vertically from grandparents to parents, from parents to children, from children to grandchildren and so on, this led to a taste for diversity, for creating things that were exclusive and genuine in every house or region. Of course, this had a charm all of its own, something that has been practically wiped out in the name of convenience.

 

Little by little, we have whittled away at our different currencies for the sake of agility in our business transactions; we have shuffled around and redistributed our crops to make their production more profitable; we have relocated our industries, much for the same reason, and we exchange energy with the purpose of reducing costs. And yet, in the world of household bedding, it seems that this is impossible.

 

As an example, there is a seemingly endless list of bed measurements. All the way from mattresses, which define to a lesser or greater extent the measurements of the bedding to be used, down to a simple throw or blanket, there reigns a state of absolute anarchy in terms of sizes, depending on each particular country.

 

There are mattresses in widths of 80, 90, 105, 120, 135, 150, 160, 170, 180 and 200 centimetres. All of these measurements – which vary from country to country – also come in a range of lengths. Apart from the most usual sizes, 190 and 200 centimetres, there are special lengths, and as if this were not enough, all of these combinations are then multiplied by their different thicknesses.

 

To crown off this dizzying variety, apart from adapting the measurements used for sheets (which may be fitted or normal), each different region has varying pillow sizes, which obviously affects the shapes of the pillowcases that have to be used.

 

Companies continue to invent new types of pillows: ergonomic, with neck support, viscoelastic ‘memory’ pillows, latex, etcetera. Each requires a differently shaped pillowcase, with the range extended even further by each country – once again – opting for a given height.

 

This is the final straw. When it comes to the question of standardising bedding sizes, it seems that crab-like, we scuttle from side to side, never moving forward.

*Toni Prat is the manager 

of Risart, S.L.

pratoriols.antoni@gmail.com

Septiembre/Octubre 2007 Textiles para el Hogar num. 234

Duplex compartido

publicado a la‎(s)‎ 02/10/2011 10:30 por Risart .

Justo había salido publicado el artículo anterior sobre la fabricación asiática de productos de textil hogar, cuando recibo una llamada curiosísima de un cliente, comentando un suceso que le había ocurrido.

 

Me comentaba que unos días atrás, dos personas habían entrado en su tienda a comprarle tres toallas de colores de diferentes intensidades de la marca que fabrica la empresa a la que pertenezco. Pues bien, a los pocos días volvían con un certificado del Ministerio de Sanidad donde se comunicaba a mi cliente la inocuidad de dichas prendas, a las cuales no se les había encontrado indicios de infracción alguna.

 

Comentando juntos el tema llegamos a la conclusión de que probablemente habría sido una denuncia por parte de nuestra competencia, ya que en toallas de esta categoría, él había elegido las nuestras por las ventajas sustanciales de precio, medida y calidad. Claro está que para mucha gente lo primero que se les viene a la mente, ante las condiciones tan atractivas de un producto, es la posibilidad de “dar gato por liebre” y la forma más fácil y barata de averiguar la verdad es que la Administración se encargue de analizarlo.

 

“Bien hecho” –al final coincidimos en la expresión–, tendría que haber más gente así, en el supuesto de que hubiera sido una denuncia, ya que de forma rápida y eficaz –en eso hay que felicitar al gobierno– se detectarían los fraudes de los que tantas veces habla el telediario, en los que la toxicidad de los colorantes es nociva para la salud y la impostura de ciertas materias primas también puede acabar siéndolo, sobre todo para la infancia, y tantas otras medidas de seguridad que exigimos a los fabricantes de aquí y que los de fuera se saltan.

 

En el mundo de los negocios, la competencia ilegal ha alcanzado unas cotas tan altas que ha desorientado considerablemente la conciencia de la sociedad sobre sus limitaciones y esta ha sido la causa del mantenimiento de un “dúplex”, en el que los que viven en el piso de arriba “necesitan” a los del piso inferior para explotarlos y así conservar el desenfreno exacerbado de un tren de vida inaudito y los que viven en el piso inferior necesitan a los del piso superior para poder producir muchísimo más de lo que precisan, a pesar de sus consecuencias, para poder codearse económicamente con sus vecinos de arriba.

 

Tendremos que dar más vueltas y más rápidas al tiempo y a los recursos para llegar a una equiparación global del planeta sin excluir ni discriminar a nadie. Cabe también requerir la colaboración de nuestros gobiernos para que controlen equitativamente las “subvenciones”, los permisos “especiales”, las importaciones ilegales “no detectadas”, los inmigrantes clandestinos trabajando “impunemente”, etc., para respetar la honradez del libre mercado y evitar la especulación “dentro de casa”. No nos lleva a ninguna parte poder vivir una temporada muy por encima de nuestras posibilidades y menos nos conviene aún, para la conservación ecológica de nuestro globo terráqueo.

*Toni Prat es el gerente de Risart, S.L.

pratoriols.antoni@gmail.com

Concepto: Toni Prat.

Realización: Pepe Serrano.

 
Living upstairs and downstairs

 
Toni Prat*

 

Almost immediately following the publication of the previous article on Asian manufacturing of home textiles, I received a phone call from a client to tell me about an intriguing incident that he had experienced.

 

He told me that several days earlier, two people had come into his shop to purchase three towels in varying tones of the brand manufactured by the company I work for. Several days later they returned to the store clutching a certificate from the Spanish Ministry of Health informing my client of the innocuousness of these items, and the fact that they did not breach any legislation.

 

Together we reached the conclusion that a complaint had probably been lodged by one of our competitors, as in towels of this category, our products offered significant advantages in terms of prices, measurements and quality. I suppose it’s only natural that such attractive conditions lead certain people to automatically jump to the conclusion that they are “being taken for a ride” and that the simplest and cheapest way of finding out the truth is to place the issue in the hands of the authorities.

 

“Good for them” was the conclusion we both eventually reached; more people should act in the same way in the event of a complaint, as it would mean that those cases of fraud we so often hear about on the news would be detected more quickly and effectively – fair dues to the authorities on this occasion. Indeed, it is an efficient way of tackling the use of toxic colorants that are harmful to health and the use of certain raw materials that may also be dangerous, especially for children, and of guaranteeing the many other safety measures that producers here are forced to comply with but which are all too often ignored by foreign manufacturers.

 

Illegal competition is so widespread that society is no longer sure as where the limits of what’s acceptable actually lie. The result is the appearance of a kind of “two storey structure” where those living upstairs “need” those downstairs in order to exploit them and thereby keep up their outrageously extravagant lifestyle. In turn, those living downstairs need those upstairs in order to produce far more than they actually require, paying no heed to the consequences, in order to be able to rub shoulders financially with their upstairs neighbours.

 

We’ll have to do some hard and quick rethinking in terms of both time and resources in order to reach a state of global equilibrium where nobody is the victim of exclusion or discrimination. We should also call on our governments to carry out fair and equitable controls on the “subsidies”, “special” permits, “undetected” illegal imports and clandestine immigrants working “freely”, etc. in due respect for the free markets and to prevent any “home-grown” speculation. Living beyond our means for a time won’t get us anywhere; and to make matters worse, it will only take our planet further down the road to ecological ruin.

POESIA VISUAL                                                                                                                                                                  edición y presentación del libro "Eloqüències" de Toni Prat

Hipocresia barata

publicado a la‎(s)‎ 14/10/2009 23:16 por Risart .   [ actualizado el 02/10/2011 10:41 ]

Hipocresia barata
Después de haber sido divulgada por los medios de comunicación la noticia de que en China existen aún focos de esclavitud de jóvenes de 12 a 14 años aproximadamente, que son raptados por mafias encubiertas por la propia policía… varios de los lectores habituales de esta revista me comentaban ante tal escándalo la necesidad de explicitar más el artículo anterior (TH nº 232).

 

Lo más curioso de todo es que la mayoría de nosotros (europeos), no estamos de acuerdo en que se nos explote, se nos maltrate, que no tengamos los elementales derechos humanos, que los salarios sean ridículos, que no tengamos unas garantías de sanidad en los productos que consumimos, que haya competencia desleal y tantas y tantas otras desgracias más como tienen muchos de estos países asiáticos donde se consiguen “buenos precios”.

 

No hace tantos años, aquí, por mediación de la acción social obrera, estructurada poco después en sindicatos, se luchó a muerte para conseguir un horario digno, un sueldo mínimo y unas condiciones laborales más o menos soportables. Todo ello en detrimento de una competitividad mal entendida –claro–. Por suerte se creó la Seguridad Social, por la que todos nos sentimos respaldados, tanto cuando estamos enfermos como cuando nos llega la jubilación. Se crearon guarderías, para permitir la realización personal de la pareja y tantos y tantos bienes más para proporcionarnos un bienestar común: el estado del bienestar.

 

Pues bien, a raíz de esta exposición de los hechos, podemos deducir fácilmente que éstos, inconscientemente, nos han creado un antagonismo tal que si uno no se para a pensar, la inercia de la codicia popular puede llegarle a obnubilarle la razón, haciéndonos creer que nosotros sí que tenemos derecho a vivir con todas las comodidades del mundo aun cuando sea a costa de las adversidades y privaciones ajenas.

 

Con motivo de la deslocalización de empresas, se ven cada día en los telediarios protestas de trabajadores y familiares con aseveraciones contundentes y muchas veces sin fundamentos técnicos que lo corroboren, defendiendo la viabilidad de la empresa en la cual trabajan y pidiendo a los sindicatos y al estado que no permita su cierre. Después, paradójicamente estas mismas familias adquieren productos de origen oriental sin ningún escrúpulo, producidos por otras empresas que han sido trasladadas antes a estos países y contentos de poder comprar a precios mucho más bajos que cuando su producción se hacia aquí.

 

Hay quien llega a comprar el mismo producto que hace la fábrica donde trabaja, por ejemplo una funda nórdica, en grandes áreas famosas por sus miniprecios, el origen de cuyos productos todo el mundo conoce. Se preguntarán estas personas si su empresa es un negocio o una guardería para mantenerles activos y distraídos… (a cargo del estado, claro) y además de los ademases luego queremos ir al río a bañarnos y encontrarlo limpio…

 

Aquí en Catalunya un empresario de los más importantes en el ramo textil fue a la cárcel por verter las aguas residuales de su empresa al río sin las condiciones exigidas por el gobierno de la Generalitat… No es broma… Todo por querer ahorrase el gasto que supone la depuradora que, por descontado, nunca han visto estos países de bajo coste de mano de obra. Curiosamente, el público aplaudió la sentencia… Para que luego haya gente que critique nuestros precios y aun con toda propiedad (vacía de contenidos), nos argumente que la industria de aquí tendrá que espabilar muchísimo si quiere ser competitiva respecto a los mercados de los países orientales… ¿Qué quiere decir espabilar? ¿Lo han pensado?... ¿Ya utilizamos tejidos que tengan etiqueta verde y con ello nos aseguramos de que cumplen las reglamentaciones dictaminadas por la U.E.?

 
Concepto: Toni Prat.

Realización: Pepe Serrano.
 

*Toni Prat es el gerente de Risart, S.L.

toni-prat@terra.es

 
 

Cheap Hypocrisy




After the media made it known that places still exist in China where children from the age of about 12 to 14 are kept in slave-like conditions, having been kidnapped by gangs whose activities are covered up by the police, several regular readers of the magazine told me that the previous article (in issue 232 of TH) needed to be extended in the light of this scandal.

 

The oddest thing of all is that most of us (Europeans) would not agree with being exploited, abused, not having the most basic of human rights, being paid ridiculous wages, not having any health guarantees for the products we consume, or having to face unfair competition or other misfortunes, as is the case in many Asiatic countries where you can pick up things “on the cheap”.

 

Not so many years ago in Spain, through social movements promoted by workers which later led to the formation of trade unions, people fought tooth and nail to achieve decent working hours, a minimum wage, and more or less tolerable working conditions. Clearly all this had a detrimental effect on competition, in the erroneous sense of the word. Luckily, the Social Security was created, which offers us all support when we are ill or when we retire. Nurseries were created so that couples have more room for personal development, together with loads of other benefits aimed at ensuring a mutual sense of wellbeing or welfare.

 

From this outline, it can easily be deduced that unconsciously this has created a sense of antagonism to the extent that, unless we stop and think, the inertia of popular greed can blind us and make us believe that we have a right to live with all kinds of creature comforts even if other people have to face adversity or go without.

 

When companies delocate, every day on the television news we see protests by workers and their families. Categorical statements are made, often with no well-informed basis, upholding the feasibility of the company where they work and asking for trade unions and the State not to let the company close. Afterwards, paradoxically, these same families happily buy goods made in Asia, produced by the same companies that have delocated there, because they can buy them much cheaper than when they were made here.

 

There are even some who buy the same product that their own factory makes (for instance duvets) from big regions that are famous for their tiny prices (and we all know why). Do these people wonder whether their company is a business or a nursery that is there to keep them active and amused (at the expense of the State, of course)? On top of all that, then we want to go to our local river and find it looking crystal clear.

 

Here in Catalonia, a leading entrepreneur from the textile industry went to jail for dumping wastewater from his firm into the river, without fulfilling the treatment regulations required by the regional government. It’s no joke. … just for wanting to save on the cost of a wastewater treatment plant which, needless to say, none of those countries with cheap labour have. Strangely the public applauded the sentence. And then people turn round and criticize our prices, arguing (with no good grounds) that the Spanish industry should get its skates on if it wants to compete with Asiatic countries. What does “get its skates on” mean? Have they thought about it? Do we use fabrics with an environmental label and, with this, do we ensure that they fulfil rules laid down by the EU?

 

Cuando la mona se viste de seda... más "mona" se queda

publicado a la‎(s)‎ 14/10/2009 23:11 por Risart .   [ actualizado el 02/10/2011 10:24 ]

De unos años a esta parte la afición a regalar ha ido “in crescendo” de manera espectacular. Cualquier situación es buena para ofrecer un obsequio: santos, cumpleaños, bodas, nacimientos, comuniones, aniversarios, días para todos (desde la madre, el padre, enamorados, etc.
), también, cómo no, de cada viaje hay que llevar cosas para todos… y seguro que me olvido de otras tantas ocasiones.

 

Esta circunstancia conlleva que el producto para regalar sea presentado de manera diferente. Cambia el packaging, cambia la manera de envolverlo en la tienda, cambia la composición de la unidad de venta (donde se vendía delantal a delantal, ahora es un estuche compuesto por delantal, manopla y agarrador), cambia el transporte ya que el volumen es diferente y la fragilidad también. Y por qué no, cambia incluso, a veces, la calidad del mismo producto, cuando no es sustituido por otro.

 

Puestos a cambiar pues, vemos que cambia sobre todo el concepto del artículo en sí, ya desde el fabricante, pasando por el distribuidor y/o comerciante que lo vende y hasta el comprador, que en este caso no es el consumidor y es precisamente por esta conjetura que se ve obligado a tener en cuenta otras prioridades que seguramente no serían las mismas que si lo comprara para él.

 

Cuando se piensa en fabricar algo que vaya destinado al mundo del regalo, no cabe tener en cuenta solo la calidad y la practicidad del objeto como tal, sino que merece la pena contemplar sigilosamente el envase, la parte gráfica de este, la disposición dentro del mismo, el etiquetado, EL PRECIO, por encima de todo buscando siempre el mejor equilibrio entre este y la calidad. La practicidad muchas veces se subyuga al impacto visual que pueda darle el mayor atractivo posible.

 

Con toda esta evolución –oía el otro día por la radio– hemos creado la cultura del “pongo”. Sí, el “pongo” es aquel artículo regalado al que no le encontramos ni utilidad, ni nos gusta y que acabamos diciendo: “y esto ¿dónde lo pongo?” Seguramente que no es, a menudo, el caso de los artículos textiles para el hogar, primero porque no suelen ser los más seleccionados para este tipo de situaciones y segundo, por ser de los más escogidos para ser utilizados.

 

La consecuencia de esta utilización, pues, que en principio podría parecer como algo positivo, acaba por acostumbrar a la gente a menospreciar la calidad de estas prendas. Tengo una amiga que siempre había gastado rizo de buena calidad y el otro día, que fui a su casa, la encontré en la cocina con un conjunto de rizo de delantal, manopla y agarrador de material regenerado, de pésima absorción –claro– y de textura apelmazada, pero contenta y agradecida a una sobrina suya que se lo había regalado después de pasarse por el centro comercial más reciente de la ciudad. ¡Ah! Y el efecto que hacía dentro del estuche era insuperable…

                                                                    
 

  • Toni Prat es el gerente de Risart, S.L.

                                                                       
toni-prat@terra.es

                                                                         

Concepto: Toni Prat.

Realización: Pepe Serrano.

1-4 of 4